Déjame entrar (Låt den rätte komma in)

Seré honesta, yo recibí (y me quedé) con dos visiones (totalmente diferentes la una de la otra) de esta película sueca acerca de vampiros. Por una parte, logra lo que nunca, ni en 10000 secuelas logrará Crepúsculo (lo siento, fans de Crepúsculo, pero es la verdad), y es mostrar una historia de amor y protección entre un vampiro y un humano. Oskar es un niño de 12 años, víctima de “bullying” en la escuela, de padres divorciados (e indiferentes), con una extraña obsesión hacia los asesinatos sangrientos. Eli es una niña de 12 años (“aproximadamente” como diría ella), que llega a vivir al departamente junto al que vive Oskar, vive con un señor que aparentemente es su padre y sólo sale durante las noches. En esa soledad nocturna es en la que los dos chicos se conocen, a través de cortas charlas se van haciendo amigos y se convierten en parte fundamental de la vida de ambos. Conforme avanza la trama la relación se fortifica, Oskar descubre el amor que puede sentir hacia otra persona y Eli deja que su instinto protector se intensifique en favor de su nuevo amigo (la escena en la piscina es una muestra absoluta y maravillosa [en el sentido visual/cinematográfico] de esto). Esa relación de amor-protección es la que llevará a los personajes a su destino final, y a nosotros a reflexionar cuántas veces nos hemos dejado llevar por ese amor o esa protección que hemos sentido por alguien más, sin importar quién es, cómo es, o lo que podría hacer.
Por otra parte, está la segunda idea que dejó en mí, una no tan romántica y feliz como la anterior… bueno, tal vez un poco. (Trataré de no dar demasiados spoilers, de verdad no quiero arruinarles la película). Eli no es realmente un niña (no es noticia nueva, es un vampiro y quién sabe cuántos años lleve siéndolo), vive con este señor (Håkan) que le proporciona la sangre necesaria para alimentarse y deja entrever una devoción enorme (quizás amor incondicional) hacia ella. Sin embargo, Håkan ya no es un jovenzuelo, cada vez comete más errores que molestan a Eli, pareciera que ella está buscando un sustituto… tal vez Oskar lo sea. No es una locura (espero) pensar que es posible que Eli esté reclutando a Oskar como su nuevo cuidador y proveedor, ¿es, entonces, ese amor y protección hacia Oskar sólo una manera de enmascarar lo que realmente le interesa? Quizás sí, quizás no. Quizás cuando vean la película puedan responder a esa pregunta. Yo ya tengo mi respuesta, pero no quisiera influenciar la suya.
En lo que se refiere a lo visual, considero que los escenarios presentan esa dualidad que hay en la película. La inocencia natural de los niños es presentada por los paisajes plagados de nieve (nieve por aquí, por allá, por todas partes), no obstante, no hay que olvidar que es una historia de vampiros en la que es necesaria un poquito de sangre, la cual no se muestra en toda la película, sino en pequeñas dosis (impactantes y violentas) que satisfacen el ánimo sangriento de cualquier espectador interesado en las buenas historias vampirescas. La música (parte elemental en cualquier película… y en mi vida) acompaña las secuencias de manera magistral, en los momentos de tensión y en aquéllas escenas en la que sólo necesitas un plano sencillo para comprender lo que no se puede decir con palabras. Mucho piano manejado de manera genial.
Una historia que no es sencilla de entender, con inocencia y violencia al mismo tiempo, con soledad y amor en los personajes, con un final que cada quien interpretará a su modo… y, lo mejor, una historia que es un libro que me muero por leer ¡yaaaa!
